IZTAC


Siempre hay una primera vez. Y a mis 35 añazos me ha dado por probar una ensalada de cactus. Me ha gustado, aunque no ha sido lo mejor que hemos comido en Iztac.

Se trata de un restaurante mejicano moderno con una decoración alejada de los tópicos: nada de lucha libre, ni de papelitos de colores, ni sombreros mejicanos o fotos de Frida Kahlo (¡por fin un descanso de esta señora!). Entrada discreta en la calle, y una vez dentro, una barra moderna cuyo techo llama la atención por estar forrado con botellas de cerveza Coronita. De fondo suena un jazz bastante agradable, aunque aquí creo que la cosa mejoraría con algunos buenos boleros.

Decoración de Iztac, un mejicano moderno.

Había pasado mil veces por aquí, pero si Estíbaliz no me llega a hablar de él, ni me habría fijado en su existencia. Así de discreta es su fachada.

Y ahora vamos a hablar de lo que de verdad importa: la comida. Esta es la carta, alejada de los clásicos cochinita pibil y tacos al pastor que todos -yo la primera-solemos pedir en este tipo de restaurantes:

Me encanta la comida mejicana, pero la verdad es que si me sacáis de los tacos de toda la vida me pierdo más que en El Corte Inglés de Castellana. Así que decidimos que lo mejor era dejarnos aconsejar por el camarero que nos atendía, que era buen conocedor y amante de la comida que servía.

Lo primero que probamos fue una crema de un hongo del maíz de cuyo nombre no me acuerdo (creo que era huitlacoche, pero no os lo garantizo) que estaba de toma pan y moja.

Aperitivo: crema de hongo. Estupendo para ir abriendo boca.

Y llegando a los platos serios, empezamos con una Memela Bandera con tuétano. Tenía sabores completamente diferentes a los que estamos acostumbrados, como el tomatillo, y nos pareció una auténtica delicia. Le encantó incluso a Edu, odiador declarado del tuétano. Además de fotografía os pongo un vídeo con toda la explicación del plato, que merece la pena.

Memela Bandera con tuétano (15€). No os la podéis perder.

Después nos trajeron una ensalada que parecía cualquier cosa menos eso: Tlacoyos verdes. Básicamente una base de Nopal (el cactus del que os hablaba al principio) con una amalgama de ingredientes como flor de calabaza, maíz, huitlacoche o cebolla. Muy original, sí, pero también avinagrado y ni a Edu ni a mi nos convenció. Nos dió pena gastar una bala habiendo en la carta platos igualmente originales y más suculentos.

Tlacoyos verdes (14€). Originales, pero prescindibles.

Como plato principal optamos por un clasicazo: enchiladas de mole poblano, una salsa que cuenta ni mas ni menos que con ¡32 ingredientes! Entre ellos destaca el chocolate, cuyo dulzor luchaba en la boca con el sabor del crujiente pato confitado. ¡Una auténtica maravilla que no os podéis perder! ¡Se merecen un Homer!

¡Mmmmm…enchiladas!

Enchiladas de mole (22€). Imprescindibles

Y como colofón, una pirámide de chocolate y tequila con crumble de mole. Cuando nos la recomendaron no me apeteció demasiado, ¿no os parece a vosotros también un postre muy repetido en muchos restaurantes? Sin embargo, nos alegramos mucho, porque estaba minuciosamente elaborada con un chocolate excepcional y sus distintos elementos (chocolate, natillas, crumble) te permitían hacer varias combinaciones, todas buenísimas. El mejor postre que hemos tomado en mucho tiempo.

Pirámide de chocolate y tequila (8€). Fantástica.

¿Y con qué regamos todo esto? Pues con un par de margaritas (las cogí como agua de mayo, lo reconozco), agua y Coca-cola.

Margarita (9€). Riquísimo.

En cuanto ambiente, la media estaba en los 35-40 años, grupos de amigos y parejas. Fantástico para unos padres que puedan liberarse un poco y dejar a los niños aparcados con los abuelos durante unas horas (gracias, suegros).

El servicio fantástico, educado, agradable y conocedor enamorado de la comida que servían (no hay más que ver el vídeo para darse cuenta).

Y la dolorosa no fue tal, teniendo en cuenta el efecto de los margaritas. 84€ por una comida estupenda, 42€/barba.

Así que mi conclusión es esta: restaurante mejicano en Chamartín alejado de los tópicos de su país, con un ambiente relajado de amigos y parejas sin niños. La comida es fantástica y el servicio a la altura. Todo por 42€/cabeza. Volveré a probar sus gambas hechas con brasas de chile.

¡Sed buenos y felices!



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