Den Gouden Harynck (Brujas)


O, en cristiano, “El arenque dorado”, lo que no deja de sonar a restaurante digno de Harry Potter. Y, por si os interesa, su cocinero (lo siento, pero odio la moda de hoy en día de llamar a los cocineros restauradores, a las costureras modistas, etc) se llama Phillip Serruys.

La suerte de vivir en Luxemburgo es la cantidad de sitios que tienes la posibilidad de conocer. Por eso, para aprovechar el tiempo aquí, Edu y yo hemos decidido marcarnos un viajecito de fin de semana al mes. Y en enero ha tocado Brujas. Teníamos mucho que celebrar: cumpleaños de Edu y 3 años juntos. ¿Qué mejor ocasión que para darse un homenaje?

Antes de nada, tengo que disculparme por esta sequía de artículos. Pero bueno, con eso de preparar boda, viaje de novios, hacer la mudanza y adaptarme a vivir en un país en el que se ve el sol cada dos semanas, me considero más que excusada. A partir de ahora voy a intentar escribir, por lo menos un post a la semana, aunque sea sobre restaurantes luxemburgueses. Sois bastantes de vosotros los que me lo habéis pedido (Anneta, María José, Carmen, José Enrique…), y la verdad es que hace mucha ilusión. ¡¡Gracias!!

Os recomiendo leer este post escuchando la música de este vídeo, para meteros en ambiente. ¡¡Ay, lo que me gusta el folklore!!

Antes de hablaros del restaurante, os hablaré un poco de LA CIUDAD, que es una pasada y merece la pena se mire por donde se mire. No en vano es Patrimonio de la Humanidad. Si queréis empaparos bien de su historia, os recomiendo que os metáis en Wikipedia, que es mucho mejor que yo, que me voy a quedar con lo básico y os voy a enseñar un par de fotos. Podéis visitar Brujas volando a Bruselas, que está a 90km de distancia. Destacan los canales que la recorren (por algo es conocida como la “Venecia del Norte”), sus homogéneos edificios, y la cantidad de vida que se respira por sus calles. ¡Una ciudad de cuento!

Brujas fue fundada el siglo XI. Se hizo muy rica gracias a una tormenta que dio a su canal salida al mar. Y luego, con el auge de la industria de la lana y su entrada en la famosa Liga Hanseática, se convirtió en una de las ciudades más ricas de Europa. Lamentablemente  en el siglo XVI, los sedimentos habían cerrado sensiblemente el canal abierto, por lo que el poder económico de la ciudad sufrió un serio revés. Como no tenían dinero para renovarla, se limitaron a conservarla. Por eso se ha mantenido así de “antigüita” y preciosa hasta nuestros días,  en los que básicamente sobrevive gracias al turismo (al que sabe cuidar muy bien).

PARA DORMIR os recomiendo sin duda quedaros en el centro. Es una ciudad pequeña que se recorre a pie estupendamente y en la que merece la pena pagar el aparcamiento del hotel, porque tienen “parquimetreros” por todos lados, incluso los domingos, amén de lo difícilisimo que es encontrar una plaza de aparcamiento libre en la calle. Cualquier edificio bien cuidado sirve como un hotel con encanto. Os voy a recomendar (por orden de precio: del más barato al más caro) 3 hoteles de los que, de momento, sólo conozco uno:

  • Hotel Navarra (4*). Pasamos por delante de camino a nuestro hotel, y nos pareció que tenía muy buena pinta. Bien cuidado y limpito. Cuando te metes en su web ves un hotel más que decente y muy nuevo. Pero para mi gusto, quien va a Brujas debe buscar algo más de sabor, que es lo que nos daba el…
  • Martin´s Relais (4*). Es en el que nos quedamos, y la verdad es que está estupendamente situado y tiene mucho encanto, aunque si lo juzgabas por la fachada (está más nueva en esta página de Booking) casi querías ponerte a llorar. Por dentro estupendo, la verdad. Las habitaciones muy espaciosas, luminosas y con una decoración clásica que era justo lo que buscábamos. El servicio encantador y de lo más útil dando consejos sobre a donde ir, donde comer, etc.
  • Aunque el que nos gustaba realmente era el Hotel Heritage. También fenomenalmente situado y fantásticamente decorado. Lástima que estuvieran llenos (incluso su restaurante, en el que intentamos reservar y fue imposible). Os recomiendo que reservéis con mucha antelación.

Y ahora pasemos a lo que os interesa: EL PAPEO. estuvimos para una comida y una cena. La segunda comida la pensábamos hacer también allí, pero empezó a nevar y se nos quitaron las ganas.

Para comer elegimos un sitio muy de batalla que nos recomendaron en el hotel y que es de los pocos en donde puedes comer en Brujas a las 3 de la tarde. Se llama Cambrinus y está en la zona de la plaza del mercado. No hice fotos porque ni siquiera pensaba hacer entrada sobre este viaje. Este restaurante es bastante turístico, pero no descuida la calidad. Comimos cada uno un menú de 30€ con primero, segundo, postre y cervezota (ya sabéis que los belgas están haciendo de esta bebida su bandera). ¡¡Y el estofado estaba para chuparse los dedos!! También os recomiendo las croquetas de queso, que más bien son queso empanado… ¡¡¡mmmm!!

Y así, claro, llegamos con poca hambre al restaurante bueno: Den Gouden Harynk. Este restaurante es de los buenos de Brujas y tiene una estrella Michelin (tengo que reconocer que me sorprendió la cantidad de “estrellas” que hay por la zona). Sinceramente fuimos por tres motivos: porque es un restaurante céntrico,  porque Le mystique (el restaurante que más nos apetecía) estaba lleno, y porque lo vimos recomendado en todos sitios.

Ya os he adelantado que no pensaba hacer ningún post de este viaje. Pero al ver Den Gouden Harynk me lo pensé. Eso sí, me daba vergüenza sacar la cámara y ponerme a hacer fotos a porrillo como suelo hacer, así que me limité a fotografiar la comida y he sacado un par de fotos de otras webs para que os hagáis una idea.

El restaurante, aunque céntrico, está en una zona muy tranquila y cuesta algo encontrarlo. Me gustó la fachada, cubierta por enredaderas.

Entrada

Entrada (Fuente).

La sala es amplia, pero sin pasarse, decorada con mobiliario más bien clásico y arte moderno. Agradable, pero sin más.

Restaurante (Fuente).

Restaurante (Fuente).

Se me olvidó hacer foto a la carta, pero tampoco hace falta, ya que los menús están hechos según mercado. Básicamente, podréis elegir entre el menú de mercado normal (cuatro platos, 75€) y el que ellos llaman “sorpresa” (5 platos, 89€), que es básicamente igual que el anterior pero con un plato más. Nosotros elegimos el primero, porque el estofado del mediodía todavía nos seguía de cerca.

En cuanto a los platos, tengo que admitir que el viaje lo hicimos hace dos semanas y ya no me acuerdo de qué eran exactamente. Pero tengo las fotos y os comentaré qué me parecieron.

Primero nos pusieron unos aperitivos: crema de calabaza con espuma de setas y semillas también de calabaza y un sushi occidentalizado, con sardina y no se qué salsa. El primero un poco soso, y el segundo sorprendentemente bueno.

Crema de calabaza

Crema de calabaza

Sushi de sardina. ¡¡Buenísimo!!

Sushi de sardina. ¡¡Buenísimo!!

Después vinieron los platos fuertes. Empezamos por el más light: vieiras a las tres salsas (de mostaza, soja y yogur). Estaban buenas, pero tengo que admitir que tampoco me emocionaron especialmente. Además soy de las que piensa que ¿por qué comer vieiras cuando existen las ostras?

Vieiras a las tres salsas

Vieiras a las tres salsas

El lenguado estaba de muerte, en su punto, con una salsa que no me acuerdo de que era pero que le iba al pelo… ¡muy bueno, sí señor! Diría que, con el postre (el mío, no el de Edu), fue lo mejor de la cena.

Lenguado. ¡Fantástico!

Lenguado. ¡Fantástico!

Después llegó lo que se suponía la joya de la corona: cordero cocinado en tres formas diferentes (dos embutidos y un poco de carne a la plancha), acompañado por unas verduras también a la plancha y un puré de calabaza. Estaba muy bueno,  pero los embutidos no me emocionaron tanto como la carne a la plancha y el puré, que estaba para cantarle una de Jacques Brel, que es el único cantante belga que conozco. En fin, le pondría un 7 sobre 10.

Cordero .

Cordero .

Y, por penúltimo, os hablaré del postre que tomó Edu, que era un helado  de canela sobre rodaja de piña con una teja-plana, pero sabía a teja- y bañado en una salsa de vainilla. Como helado estaba estupendo, pero como postre me pareció algo flojo para un estrella Michelín, ¿no estáis de acuerdo?

Helado de canela con salsa de vainilla.

Helado de canela sobre rodaja de piña con salsa de vainilla.

Yo, que soy la que mejor gusto gastronómico tiene de los dos, cambié mi helado por un plato de quesos que, para mí, fueron lo mejor de la noche. Una pena que sólo pudiera elegir cinco, porque eran auténticos orgasmos gastronómicos, que diría Zerolo. Lo siento, pero estando lejos, no puedo reprimirme y tengo que revivir este momento de la política española que tantas risas -y vergüenza- me ha dado.

En fin, volviendo a lo bueno, aquí tenéis mi selección de quesos. Le dije al camarero que cuanto más fuertes y malolientes, mejor. Y el tío acertó. ¡¡Que buenos!! Aunque Brujas no tuviera nada más que estos quesos (que está claro que no son la única joya de la ciudad), merecería la pena volver para comerlos. como veis, también hice fotos del carrito. ¡¡Menuda selección!!

Quesos. ¡¡Una delicia!!

Quesos. ¡¡Una delicia!!

Y antes de irnos, nos sirvieron un café con mignardises, que estaban buenas, pero sin más.

Mignardises para el café.

Mignardises para el café.

Después de cenar, vino el cocinero a charlar con las diferentes mesas. Un señor muy agradable con el que estuvimos discutiendo sobre la cocina molecular española. Él, como nosotros, pensaba que era interesante y curiosa, pero no para comer frecuentemente, porque lo que mola de verdad es saber lo que comes.

Para beber cayeron una botellita de vino blanco suave y un par de botellas de agua.

El ambiente era sobre todo de parejas de cualquier edad. Todas arregladitas y que parecían educadas, salvo la que nos tocó en frente. No me lo podía creer: un tío (no se le podía llamar señor) con pinta de no haberse duchado en 3 días, camiseta negra y zapatillas de deporte acompañado por una mujer (tampoco señora) mucho mejor arreglada y mayor que él que -atención, atención…- ¡¡¡chupaban los cuchillos!!! Increíble, pero cierto.

El servicio correcto, nada más. Muy agradables, pero algo lentos y despistados.

El precio exacto de la cena no lo sé, porque invitó Edu, pero os podéis hacer una idea por el precio del menú, al que habría que añadirle las bebidas.

Detalle que no me gustó: al hacer la reserva te piden el número de tarjeta de crédito para garantizar que vas a ir. Por un lado es comprensible, pero me parece tan feo…

Conclusión: restaurante bueno en pleno centro de una ciudad maravillosa como Brujas, especialmente recomendable para parejas (tanto el restaurante como la ciudad). Decorado con muebles clásicos y arte moderno, y en el come bastante bien, pero pagándolo . El servicio agradable, pero algo lento y distraído. No puedo evitar pensar que en España hubiéramos comido mejor por el mismo precio (veáse Adolfo) o incluso menos (veáse Choco). Si sois queseros y os dejáis caer por allí, no os perdáis su carrito de quesos. Fantastique!!

IMG_0529

Si queréis llamar para reservar, os pongo aquí un enlace con el teléfono para que podáis hacerlo directamente: +32 50 33 76 37.

Y ya sabéis… ¡¡¡Sed buenos y felices!!!



Categorías:Bélgica, Europa, Restaurantes del mundo, RESTAURANTES POR ZONA Y PRECIO, VIAJES

2 respuestas

  1. Te hechaba de menos me ha encantado a ver si me recomiendas para grecia

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