Oktoberfest (Munich)


Yaaaa… sé que he tenido abandonada mucho tiempo la sección de viajes. Pero el fin de semana pasado tuve el placer de ir a la Oktoberfest, un viaje que no sólo me encanta, sino que me caracteriza. Aunque tengáis que esperar al año que viene para ir, no puedo dejar de hablaros de la experiencia y animaros a que vayáis reservando ya todo, porque sino se pone carísimo.

Nosotros llegamos el viernes, y como íbamos llegando de distintos países y a distintas horas, ese día lo pasamos en Munich, comiendo en sitios típicos y bebiendo en la Hofbräuhaus, la cervecería más famosa y divertida de la ciudad.

Aquí tenéis foto de nuestra comida, en la que podéis ver que no nos privamos de nada (Nota: al volver a Madrid, harán falta un par de días de dieta de desintoxicación).

Mesa repleta de manjares bávaros.

Mesa repleta de manjares bávaros.

Una vez comidos, yo fui a ver a mi amiga Marlene y el resto del grupo aprovechó para ir de compras por la ciudad. Después del consumo vino lo divertido, ¡¡la Hofbräuhaus!! Aunque tengo que admitir que últimamente están más pesados y no te dejan bailar ni pasártelo tan bien como antes, supongo que para controlar mejor a la multitud de público borrachuzo que tienen, entre los que me cuento orgullosa 🙂

Al llegar, ves una maravilla de cervecería, con las paredes pintadas y una frase que a mí me encanta y a la que no pude dejar de hacerle una foto, porque creo que resume muy bien la filosofía de vida/fiesta bávara:

Durst

Durst ist schlimmer als heimweh = La sed es peor que la morriña

Allí hay una orquestita tocando canciones bávaras y cerveceras que hacen que tu visita a esta cervecería sea de lo más alegre.

Orquesta bávara en la Hofbräuhaus

Orquesta bávara en la Hofbräuhaus

Ya el sábado fuimos al Theresienwiese, donde se celebra la Oktoberfest. Lo primero que hicimos fue meternos en una caseta especializada en pollo asado, comida típica de la fiesta. Eso sí, en esta caseta (en la que nos metimos para huir del mal tiempo), sólo te permitían estar una hora.

Pollo y pato asados, un must en la Oktoberfest.

Pollo y pato asados, un must en la Oktoberfest.

Al final, entre la muchísima gente que había y el mal tiempo que hacía (lluvia y frío), Edu y yo nos terminamos yendo pronto de allí. Y aquí un consejo: si podéis, pediros un par de días libres e id a la fiesta de la cerveza un domingo o entre semana, que hay menos gente y se puede entrar tranquilamente a las casetas de la feria sin que dejen de ser divertidas. Si vaís un sábado, lo mejor es hacerlo con reserva (hay que hacerla unos 8 meses antes, porque sino ya es tarde, que es lo que nos pasó a nosotros). En cualquier caso, estuvo bien darse un paseo por allí.

¡¿Habéis visto las patorras de estos caballos?!

¡¿Habéis visto las patorras de estos caballos?!

Y ya el domingo fue todo mucho mejor, tanto el tiempo como la cantidad de gente. Además, para ese día sí teníamos reserva.

Edu y yo fuimos a ver a sus tíos y a Stephanie a la caseta Augustinerbräu, que es una maravilla. Allí nos invitaron al desayuno bávaro por antonomasia: weisswurst (una salchicha blanca hervida), brezln y cerveza. ¡¡Que gozada!!

Weisswurstfrüstück, el desayuno más reconfortante. Fuente: Typisch bayerisch

Weisswurstfrüstück, el desayuno más reconfortante.
Fuente: Typisch bayerisch

Para que os hagáis una idea de la magnitud de las casetas que se gastan en Minga (“Munich” en bávaro, siempre me ha hecho mucha gracia), hice una foto del ambiente de la Augustiner. Impresionante, ¿no?

Caseta de Augustinerbräu

Caseta de Augustinerbräu

Después nos unimos al resto en la que, para mi gusto, es la caseta más animada de todas si consigues entrar (nosotros nos quedamos fuera, en el biergarten, porque dentro estaba a reventar), la Schützenfestzelt. Allí nos hicimos una foto de grupo vestidos para la ocasión. Ello me lleva a otro consejo: si podéis, compráos la ropa típica, porque si la buscas bien cuesta cuatro duros y te hace meterte mucho más en la fiesta.

Nosotras con dirndl y ellos en lederhosen, que allá donde fueres...

Nosotras con dirndl y ellos en lederhosen, que allá donde fueres…

A las 5 teníamos reserva en otra caseta de cuyo nombre no me acuerdo, pero fue lo mejor, porque estar dentro con la orquesta y todo el ambiente no tiene nada que ver con un biergarten. La gente se sube a bailar en los bancos en lo que para mí es la Oktoberfest de verdad.

Fiesta dentro de la caseta. ¡¡Ein Prosit, ein Prossit...!!

Fiesta dentro de la caseta. ¡¡Ein Prosit, ein Prossit…!!

Por la noche, cuando salimos de la caseta, nos dimos una vuelta por las atracciones de la feria, que son como los de cualquier feria española, aunque quizás haya más.

Al final, el grupo se dispersó y Edu y yo terminamos yendo a los cacharritos (que así se llama a las atracciones en mi tierra) antiguos. Nos lo pasamos como niños en una atracción de lo más rudimentaria, sencilla y llena de encanto, la Teufelsrad (rueda del demonio), que tiene más de 100 años de antigüedad. Merece la pena que os la explique, porque es genial: una especie de ruleta gigante en la que la gente se va montando según instrucciones del feriante (por ejemplo: “ahora les toca a los hombres en lederhosen“, “ahora hombres en lederhosen y mujeres que se les sienten encima”…). Total, que una vez se ha montado todo el mundo, la ruleta empieza a dar vueltas cada vez más rápido, de forma que la gente termina fuera por la fuerza centrífuga, hasta que sólo queda el ganador, al que le van lanzando cuerdas y pelotas gigantes para machacarle. Es divertidísimo, la gente de lo más participativa y se lo recomiendo a todo el mundo, porque es algo que sólo encontraréis aquí. Nosotros nos lo pasamos como enanos y justo ayer lo estuvimos recordando como uno de los mejores momentos. Aquí la tenéis:

Teufelsrad

Teufelsrad

El lunes, nuestros amigos se fueron de compras y Edu y yo a desayunar al Glockenspielcafé, que es mi cafetería favorita de Munich, en el último piso de un edificio en plena Marienplatz y donde, para mi gusto, tienen los mejores desayunos de Baviera. Os recomiendo ir si tenéis la oportunidad.

Y aquí se nos acabó la fiesta, porque luego tuvimos que ir al aeropuerto a coger el avión de vuelta a nuestras casas. 😦

¡¡Hasta el año que viene, Oktoberfest!! Volveré. No es una amenaza, es un hecho. Y un viaje que deberíais hacer todos vosotros alguna vez.

¡¡¡Sed buenos y felices!!!



Categorías:Europa, VIAJES

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