Le café


La calle Recoletos es un tesoro. No sólo por estar en pleno barrio Salamanca, sino por la cantidad de restaurantes y tiendecitas con encanto que pone al alcance de nuestra mano. Cada vez que paso por allí, no sé donde comer. Aunque reconozco que esta vez lo tuve claro por la oferta del 30% de El Tenedor (que conste: no me pagan por hacerles propaganda, pero tiene unas ofertas muy buenas).

Este restaurante llama la atención por los logos de periódicos que decoran sus paredes, que invitan siempre a buscar el tuyo (eso a los pocos que todavía leemos el periódico, claro). Por lo demás, una decoración moderna y sin más, que no dice demasiado. El ambiente pijín y profesional, acorde con cualquier local sito en esta calle. Admito que la foto no es muy buena, pero os permite haceros una idea.

Le cafe_decoración

Esta vez la comida fue con mi madre y después del trabajo (quedamos a las 15:30), así que os podéis imaginar el hambre con la que llegamos.  Mare mía, lo que nos costó elegir… Lo bueno fue que nos pusieron un aperitivito mientras nos decidíamos por algo: crujientes de chistorra con reducción de Pedro Ximénez (aquí tengo que hacer una precisión: “Ximénez” se pronuncia “Jímenez”, que en español antiguo X=J (por eso “México” se pronuncia “Méjico” en español)). Muy buenos, la verdad, pero luego -igual que el pan- nos lo cobraron. Y ya sabéis que estas cosas me indignan aunque no supongan mucho dinero.

Le café_aperitivo

Al final mi madre optó por un queso diviril (primera noticia de su existencia, por cierto) con mermelada de aceitunas. Se trataba de un queso con una textura parecida a la torta del casar, pero algo más suave, y con apariencia de queso de cabra gigante. ¡¡Estaba de vissio!! El queso y la mermelada de aceitunas combinaban de escándalo pero, eso sí, la mermelada (sí, eso que parece guacamole en la foto) sola estaba incomible. Curioso.

Le cafe_queso diviril

Yo me pedí un plato que recomendaban en todas las críticas que leí (aunque creo que me lo hubiese pedido sin necesidad de leer nada): los rollitos de carabinero con crema de torta del casar.  Y aquí vino una sorpresa agradable: pensaba que iban a ser “rollitos” -como su propio nombre indicaba-, pero eran auténticos “rollos”, y muchos (8). Un plato ideal para compartir y picar (yo no pude, porque mi madre es alérgica al marisco). Incréible la combinación de carabineros con este queso extremeño. Si vuelvo por aquí, este plato volverá a caer:

Le cafe_rollitos de carabinero

Con el segundo acertó mi madre como mil veces más que yo. Se pidió unas vieiras a la plancha con tomate seco, albahaca y salsa de limón que estaban  chuparse los dedos.  Un plato ligero en el que los sabores eran plenamente armónicos. Le daría un 9.

Le café_vieiras

Sin embargo yo no pude equivocarme más con el plato principal. Aunque cuando llegó ya estaba llena (los rollitos calleron a plomo sobre mi estómago), creo que no me hubiese gustado ni con hambre: tagliatelle con crema de queso brie y butifarra fresca. Sí, todos los ingredientes me encantaban, pero por separado. Nunca volveré a mezclarlos, porque aunque sabía de antemano que no iba a ser un plato ligero, lo cierto es que  el brie se come el sabor de los demás ingredientes que, no obstante, siguen aportando pesadez al plato. Así que prácticamente dejé el plato igual que lo estáis viendo en la foto.

Le café_fetuccini

De postre, mi madre se pidió un helado de violetas, su debilidad. Estaba muy bueno y la ración fue generosa. Pero nos podían haber avisado de que mi postre iba acompañado por este helado, y así nos lo habríamos ahorrado.

Le café_helado

Mi postre consistió en una panacota de limón: ácida, fresca y francamente buena. Aunque, eso sí, la gelatina que la acompañaba estaba bastante dura.

Le café_panacota

Acompañamos todo con vino blanco de la casa, servido muy frío. Me gustó.

Lo que no me gustó tanto fue el servicio. Me explico: cuando llegué estaba el que parecía ser el dueño, que atiende -como es lógico- fenomenal. Pero cuando se fue y quedaron sólo los camareros, éstos eran de los típicos que hacen como que no te ven cuando les llamas. Y eso me sienta fatal. Sólo se salvaba una chica.

El precio razonable para lo bien -y mucho- que comimos: 68€, es decir 34€/cabeza (con descuento del 30% en los platos, os recuerdo). Pero aquí una precisión: en la carta no se incluye el IVA, lo que supone añadir a los precios que ves un 10% más. Eso es otra cosa que me fastidia mucho. ¿Cómo tengo que decirlo? QUIERO SABER EL PRECIO FINAL DE LAS COSAS, SEÑORES.

Conclusión: sin la oferta de El Tenedor me parece bastante caro (hubiésemos salido a unos 45€/barba), pero con ella es aceptable. Las raciones son muy generosas, así que no hace falta pedir primero, segundo y postre como hicimos nosotras. La cocina es buena y original (salvo los tagliatelle, claro) y el servicio regular. Con la oferta puede que vuelva, pero sin ella no puedo afirmarlo tan claramente. Sobre todo estando en la calle de Madrid con más restaurantes por metro cuadrado. Pero vamos, que si pasáis por allí y queréis aprovechar, me parece genial. Por eso os dejo los datos:

Dirección: C/Recoletos 13

Teléfono: 917 81 15 86

¡¡Sed buenos y felices!! ¡Y disfrutad del finde!



Categorías:M - Madrid, pagar de más, RESTAURANTES POR ZONA Y PRECIO, S - Salamanca, Sal - 35-50€, SI TU PLAN ES...

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