Evboca


Hola a todos:

Ya ha pasado el fin de semana y he probado mi restaurante de los sábados.

Pues eso. Ayer nos fuimos a cenar a Evboca, un restaurante por la zona del Auditorio (en concreto, en C/Pradillo 4). La verdad es que llegamos bastante tarde y nuestros amigos ya habían pedido por nosotros, así que no tuve ni oportunidad de ver la carta, ni de ver si tenían platos más light. Sí, señores, ¡ayer pequé! ¡Y que bien me lo pasé! De vez en cuando hay que despreocuparse de las calorías, y ya que habían pedido… from lost to the river!

Bueno, voy a lo que os interesa: ¿qué tal está este bar de pinchos (sí, “pinchos”, que estamos en Madrid) ? Yo creo que en general, bien, la verdad. Lo mejor, la originalidad de sus platos, mereciendo cada uno de ellos un comentario individual. Lo que pedimos fue:

  • Arroz negro. “¿Original?”, os preguntaréis. Pues sí, porque te lo servían en paelleritas individuales, en las que la mitad no parecía arroz, sino una especie de muesli que resultaba estar blando y ser muy bueno. Además, al principio el arroz tenía color (creo que amarillo, pero era de noche y en la terraza…), pero como se terminaba mezclando con el chorrito de tinta de calamar que le habían echado, acababa negro. Un ingrediente bastante inquietante eran lo que yo consideré “spaguetti de calamar”, aunque nadie supo confirmármelo. Como apuntó un amigo, recordaban también a esos spaguettis chinos que te venden deshidratados en sobres. En fin, que me quedé con la incógnita. Agradecería que alguno de vosotros pudiera descifrarme el misterio. En cualquier caso, era un plato al que le daría un 6 sobre 10, más que nada porque me gusta saber lo que como y en este caso no me llegué a enterar. Pero estaba bueno.
  • Karpov/Kasparov (no me acuerdo, pero era el nombre de un ajedrecista). Este fue probablemente el mejor plato de la noche. Era ensaladilla rusa y pate de aceitunas negras, presentado de la manera más original que he visto nunca: como un tablero de ajedrez, en el que las fichas eran picos de pan pinchados en las “casillas”. Y no faltaba detalle: ¡las fichas negras eran picos pintados con tinta de calamar! Le pongo un 7´5 sobre 10.
  • Mini-hamburguesas. Poco que decir, correctas, pero no brillaban por nada en especial. Un 6 sobre 10.
  • Cono con japuta (bueno, creo que los madrileños sois más finos y le llamáis “bienmesabe”) en adobo y tortillas de camarón. Como andaluza, me pareció un plato más que indignante, un insulto al pescaíto frito de toda la vida: le sobraba aceite por todos lados y las tortillitas estaban semiquemadas por los bordes y como secas. Un espanto. Le pongo un 2 sobre 10 porque no eran venenosos y soy muy benévola.
  • Tigretostón. Esto fue la “estrella” de la noche, pero porque nos lo habían vendido así. Es un pincho cuyo aspecto recuerda muchísimo a nuestro entrañable y desaparecido “tigretón”, aunque tengo que reconocer que a mi de pequeña (y de mayor) estos bollos me daban asco. Consiste en pan negro, con morcilla, cebolla confitada y crema de queso. Pero otra vez estaba supergrasiento. Es el pincho con el que ganaron el concurso nacional hace un par de años. Por lo visto lo tienen hasta patentado. El caso es que está estupendo, pero no en Madrid, sino en Valladolid. Concretamente en el restaurante Los Zagales, donde también presumen de premio y de patente, lo que me hace pensar que ambos restaurantes tienen algo en común, pero yo cené mucho mejor en el castellano. Aprueba simplemente por su originalidad, pero en Madrid se llevaría un 6 sobre 10 y en Valladolid le daría un 9,5. Tanta es la diferencia.

    Tigretostón. Bueno, pero algo grasiento de más

    Tigretostón. Bueno, pero algo grasiento de más

  • Tarta de chocolate. He de reconocer que salvo en el caso de algunos postres puntuales no soy muy golosa y los postres de chocolate me resultan bastante pesados. Pero esta tarta estaba buena, y muy jugosa. Le pongo un 7 sobre 10.
  • Blancanieves. Una curiosa tarta de manzana que parecía una magdalena y cuando la cortabas estaba rellena de manzana con canela. Y sí, justo la tarta de manzana es uno de los postres que me chiflan. Y esta estaba muy buena, acompañada con una bola de helado de manzana verde. Un 8/10. Y supongo que lo de Blancanieves es por la manzana, aunque la de la princesa era roja. A ver si leemos más…

Para beber nos dividimos en dos: el grupo de la cerveza de Ferrán Adriá y el del tinto de verano. Yo era de tintito, que estaba bien puesto. Los cerveceros quedaron muy contentos con su rubia, que decían que era muy suavita y se dejaba beber sin problema.

Al final salimos a 23€/cabeza. Un precio muy razonable, que ahora (y a la vista de la enorme lista de pinchos que pedimos) me hace darle al bar una nota general de 7/10, perdonándoles lo delpescaíto.

Eso sí, cuidado en invierno: sólo tienen una mesa, y es de 8, así que mentalizaos para cenar de pie.

¡Sed buenos y felices!



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